Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

viernes, 13 de octubre de 2017

Besazo: las lesbianas no somos tu fantasía

Por Sandra Aguilar y Victoria Sfriso / Foto: Fer Leunda. 

Luego del Besazo y a horas de un próximo Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco, la palabra activa de las Lesbianas repudiando la heteronorma y celebrando los encuentros.

El pasado viernes 6, las lesbianas concentramos frente al Centro de Trasbordo de Constitución en lo que fue el #Besazo. Página12 publicó una crónica del Besazo escrita por un varón cis –muy probablemente heterosexual–, Nicolás Romero. El relato destiñe un ninguneo continuo al hecho político que implica nuestra visibilización tortillera, que en esta ocasión tuvo por motor el repudio a la violencia policial y lesbo-odio que recibieron dos compañeras por vivir sus vidas en tanto lesbianas visibles.


Cuando la violencia mediática y simbólica se viste de heteronorma, lesbo-odio y misoginia. La cobertura de Nicolás Romero para Página12 vuelve a violentarnos cuando niega el carácter político de la acción lésbica en la vía pública, cuando lo único que puede ver son “mujeres”, “jóvenes” o “cuerpos” besándose.

Romero juega con la idea de que el besazo fracasara por falta de convocatoria, y relata que Mariana y Rocío llegaron “solas”, aún siendo dos. Ese “solas” que en agosto de 2016 justificaba el asesinato de María José Coni y Marina Menegazzo, las pibas que viajaban juntas. El mismo “solas” que les da pie a los chabones cuando rompen nuestra intimidad tortillera si estamos compartiendo en la vía pública. Al vernos “solas”, los varones se empeñan en ofrecernos compañía.

A Mariana y Rocío, Romero les atribuye “pudor”. Tilda sus besos de un gesto para “complacer a los periodistas”. Y de una de ellas, enfatiza que estaba con “la emoción a punto de desbordarla”. Presentarlas de este modo las desempodera. Parece que quiénes somos leídas como mujeres no tenemos forma de escaparle a lo emocional como rasgos distintivos. Al hacer foco en lo emocional, también despolitiza la acción política que constituye un besazo. Además, Romero entiende que el Besazo buscaba demostrar que aquello que había “molestado” a los policías era “simplemente amor”, cuando el rumbo político de un Besazo es repudiar la violencia que desatan nuestras existencias tortilleras visibles en una sociedad patriarcal y heteronormada.

Para el periodista no fue una concentración ni una convocatoria política, sino una “cita” porque el llamado era a besarse y de ese modo nos vuelve a insertar en el ámbito de lo privado: las “citas” son para amigas, parejas, amantes, familiares. Esto remite a la esfera de lo privado, mientras que un acto político se inscribe necesariamente en la esfera pública –territorio históricamente habitado por varones heterosexuales y cis, y negado a las mujeres, lesbianas, trans y travas– . Esta lectura de Romero nos niega la participación política de las percibidas como mujeres y lesbianas, y por eso destila supuestos misóginos y heteronormados en la construcción de la crónica.

Por otro lado, es preciso preguntarnos por qué Página12, un medio con dos suplementos que han hecho aportes fundamentales al movimiento de mujeres y LGBTTT como son Las 12 y Soy, enviaron un cronista varón cis y heterosexual sin un ápice al menos que atendiera a la correción política de perspectiva de género a la hora de cubrir el acontecimiento político. Es más, todo indica que para Romero no hubo un hecho político que mereciera ser presentado como tal, sino un conjunto de “jóvenes” y “mujeres” besándose para deleite de miradas detentadas por varones cis y heterosexuales. Abundan los supuestos machistas y lesbo-odiantes en una crónica de un encuentro militante tortillero.

Cabe responder. Las tortas apostamos por un besazo porque los besos lésbicos, trans, trava y maricas son un gesto político de desobediencia: no responden a la heterosexualidad como única manera de habitar la sexualidad. Y además de visibilizar una situación de violencia lesbo-odiante por parte de fuerzas represivas, el Besazo también fue motivo de un ejercicio de exorcizar colectivamente las violencias que recibimos cotidianamente en tanto lesbianas, chongas, tortas.

Cuando las lenguas lesbianas nos enredamos en las calles y las plazas suscitamos todo tipo de incomodidades. Lo habitual es que nuestras demostraciones de afecto activen un dispositivo de tolerancia. Esa tolerancia mantiene intacto al pensamiento heteronormado porque lo que se tolera es aquello “que es diferente de lo propio”, en este caso la heterosexualidad, dejando a cualquier otra expresión y forma de habitar la sexualidad como aquello otro, lo alternativo respecto de la norma establecida. Si bien el paradigma de la tolerancia es insuficiente, lo cierto es que a medida que éste y la asimilación de la diversidad son desplazados de la construcción de realidad hay una embestida de fascismo en sus múltiples expresiones, y en particular el deseo de retorno de la normalidad.

En esta coyuntura, las personas LGBTTT recibimos numerosos episodios de violencia por parte de las fuerzas de seguridad estatales que envalentonadas y avaladas a través de discursos de odio cada vez más legitimados hostigaron a una pareja de lesbianas en Resistencia-Chaco, agredieron y persiguieron a una persona trans en el bar Belle Époque en Córdoba, agredieron a dos lesbianas en Constitución-CABA. A su vez, el levantamiento del cepo al fascismo se expresó en la ciudad de Córdoba, pero esta vez en mano de otra institución guardiana de la heteronorma, allí taparon un beso lesbiano que protagonizaba un mural con un mensaje que decía “Venga tu reino, Córdoba es de y para Cristo”. La normalidad nos desea el clóset a las personas LGBTTT , y nosotras no estamos dispuestas a relegar nuestra presencia pública. La visibilidad es una apuesta política.

Las lesbianas como sujetas políticas

El periodista de Página12 solo puede ver “mujeres”, “jóvenes” o “cuerpos” besándose, nunca lesbianas. Lesbiana no aparece entre las palabras de Romero. Las lesbianas no formamos parte de su vocabulario, no estamos en el diccionario heteronormado. Leernos como lesbianas pondría en jaque la insistencia de Romero en apropiarse de una circulación erótica-afectiva que escapaba a su mirada, que busca fugarse de la mercadotecnia del deseo heterosexual.

“El ritual colectivo no estuvo, para la mirada atenta, exento de sensualidad, cuerpos besándose que ralentizaron el tiempo en ese espacio en el que las miradas ajenas al intercambio de fluidos se cruzaban: algunos mirando al sesgo, otros, como los fotógrafos, absortos en la pura contemplación”.

La construcción de la crónica tiene por eje el mirar de los periodistas y transeúntes varones heterosexuales. Pareciera que el Besazo no fue sino un banquete de imágenes para deleite de miradas masculinas y que ahí radicaba su relevancia. Se trata de una crónica minada de referencias a lo “sensual” de los “cuerpos” besándose. Sensualidad que podría entrar en crisis si esos cuerpos fueran nombrados como lo que son: lesbianas.

“Cuando el sol ya había caído y la fiesta de cuerpos entrelazados continuaba, hubo algunos que fueron corriendo a cambiarse los lentes […], el cronista sospecha que fue para ver mejor”.

Esa sensualidad que Romero ve en las jóvenes que comparten fluidos bajo ritmos propios, no puede soportar que los cuerpos involucrados sean de tortilleras, camionas, lesbianas femmes, trans. Nombrar esas identidades opacaría las imágenes deseables bajo los cánones de la norma heterosexual. Y es por eso que el Besazo lesbiano tiene un potencial político: amplía los límites del imaginario de lo posible, visibiliza identidades que nos afirman en nuestras existencias, pone en circulación sexualidades que disfrutamos y compartimos al margen de la heterosexualidad, y habilita comunidades que podemos construir. Las lesbianas no solo nos besamos el viernes 6, dimos paso a un ritual que tiene por raíz el deseo de encuentro, fuimos un amarre contingente de resistencia a la violencia lesbo-odiante.

Los encuentros militantes son nuestra herramienta para subvertir la tristeza que lubrica los engranajes de un sistema social opresivo. En el encuentro conmutamos la vergüenza que intentan sembrarnos por el orgullo que nos permite celebrarnos. Nosotras sabemos que el lenguaje es un campo de disputa. Sabemos lo que perdemos cuando nuestras existencias no son nombradas por lo que somos: lesbianas. Sabemos que el gesto político detrás del ocultamiento de nuestras identidades es un refuerzo a la heteronorma y la heterosexualidad en tanto régimen político. No nos arrebataran las palabras: las lesbianas existimos y resistimos.

Artículo para Marcha Noticias - Oficial

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